20 de octubre de 2026
A casi cinco décadas de comenzar la búsqueda, Estela de Carlotto y Buscarita Roa comparten recuerdos, dolores y alegrías. Mientras celebran lo construido, llaman a seguir luchando y a no bajar los brazos, con la esperanza de encontrar a quienes todavía faltan.
“¡Cómo la quiero a esta mujer! –alza la voz Estela mientras abraza fuerte a su compañera, que cumple años y lo celebra en la sede de Abuelas–. Con las desgracias, los dolores y las angustias que hemos tenido en la vida, llegar a este momento, con las amigas de siempre, es una satisfacción y una muestra de que la vida no fue tan mala tampoco”.
“No me gusta que pasen tanto los años porque cada día una está más vieja”, se queja Buscarita y hace reír a todos. Se pone seria y agrega: “Agradezco enormemente pertenecer a Abuelas y a todos ustedes que nos han acompañado, porque si no hubiera sido mucho más difícil. En esta casa siempre hubo juventud, que por suerte nos ayuda, y donde hay juventud hay alegría. Así que acá estoy, más vieja, pero con las mismas ganas, acompañándonos con Estela y acompañando a los más jóvenes que hoy llevan adelante la institución”.
“La vida nos está ayudando a poder seguir haciendo y ayudando”, dice Estela, presidenta de Abuelas, docente, directora de escuela, madre, emblema de los derechos humanos en el mundo, que hoy transcurre sus días en su casa de siempre, en La Plata, y cada vez que puede se suma a la reunión de Comisión Directiva en el barrio porteño de Monserrat.
“Lo que nosotras pasamos, la pérdida de nuestros hijos fue muy dura. No es fácil perder un hijo. No saber dónde están es terrible, porque todos los días una piensa qué habrá pasado con nuestros hijos, dónde estarán. Cuando una persona se muere, uno lo vela, lo lleva al cementerio, lo llora, pero sabe que se murió. Nosotros no sabemos qué pasó con nuestros hijos. En todo este dolor, la compañía de todos ustedes a las Abuelas nos ha hecho muy bien”, afirma Buscarita, vicepresidenta de la Asociación, vecina ilustre de La Boca y lectora voraz. “¡Me encanta que me regalen libros!”, avisa para que sepan.
“Mi vida estuvo partida en dos, por un lado, la felicidad de mi familia, mi esposo e hijos, y por otro, el dolor de la pérdida y la búsqueda de todos –repasa Estela–. No tengo odio ni tampoco rencor. Tengo fuerza, dolor y la responsabilidad asumida de que lo que nos pasó a nosotras no vuelva a ocurrir. Hay que seguir trabajando para que no vuelva a pasar. El nunca más tiene que ser un hecho para siempre. Y depende de nosotros, la ciudadanía”.
“Hoy los nietos que hemos encontrado y el resto de los familiares son los que llevan adelante la lucha. Ellos ahora son los responsables de buscar a sus hermanos. Hay que seguir porque falta mucho, y cada nieto es un regalo, necesitamos esos regalos, no nosotras solamente, la Argentina los necesita. Ayúdennos a encontrarlos”, convoca Estela.
“No se dejó nada por hacer, nunca –remarca Buscarita–. Cuando una tiene un desaparecido, siempre está la idea de poder encontrarlo, la esperanza de un día volver a verlo, es tenerlo presente cada día”. Esta fuerza y esta convicción son las que las Abuelas han transmitido a toda una institución. “Ahora los nietos hacen lo que nosotras ya no podemos”, cuenta.
En ellas habitan la memoria de quienes ya no están y la confianza en quienes toman la posta. Son dos generaciones que se encuentran en una misma tarea: las Abuelas que comenzaron la búsqueda cuando casi todo parecía imposible y quienes hoy continúan ese camino con las herramientas que ellas mismas ayudaron a construir. Por eso, más que un relevo, el traspaso generacional es también una forma de mantener vivo aquello que las unió desde el comienzo: la certeza de que cada búsqueda importa y que cada identidad restituida es una reparación para toda la sociedad.
Una y otra han tenido la felicidad de encontrar a sus nietos, Buscarita a Claudia, Estela a Ignacio, y así reparar, aunque sea un poco, el daño causado a sus familias por el terrorismo de Estado. Una y otra han sentido como propia cada restitución, porque para las Abuelas la búsqueda siempre fue colectiva, y esto es lo más admirable, han demostrado al mundo que un grupo de mujeres comunes, con un objetivo claro, empujadas por el amor de madres, pueden obtener logros impensables.
Se organizaron, se movilizaron, investigaron, reclamaron, consiguieron el apoyo de profesionales de los más diversos ámbitos, dieron testimonio en todas partes, crearon herramientas para defender el derecho a la identidad, su historia se aprende en las escuelas, tejieron redes, impulsaron avances en la ciencia, generaron conciencia, fueron creativas para difundir la búsqueda, nunca eludieron los desafíos e inspiraron a activistas en decenas de países.
¿Qué más decir de estas mujeres? Mejor leerlas a ellas. “Esta Asociación me ha dado la enorme satisfacción de encontrar a mi nieta y a los nietos de muchas de las Abuelas que les pasó lo mismo que a mí. Eso ha sido maravilloso. Seguimos trabajando, porque aún falta encontrar a cientos de nietos más”, dice Buscarita. “Tengo fe en que pronto vamos a tener otro país. Depende de nosotros. Hay que moverse, manifestarse en paz. Estamos en un momento muy malo, pero tengo fe”, se ilusiona Estela.
Fuente: Abuelas
Autor/a: Abuelas
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